El sol que más calienta
Soy una persona a la que la lluvia no le molesta demasiado. Supongo que es normal, soy vasca, vivo en Donosti, y aquí llueve más días de los que no. Creces aprendiendo a convivir con el gris, con las nubes bajas y con los paraguas siempre a mano. No es que el mal tiempo me ponga triste, simplemente forma parte de la rutina. He aprendido a romantizarlo y, en cierto modo, hasta me hace compañía. Pero quizá por eso mismo, porque vivo rodeada de lluvia, valoro muchísimo más esos días raros en los que, de repente, sale el sol.
Viví un año en Génova, donde la lluvia acompañaba los días de la misma manera que lo hace en Donosti. Allí tuve esta conversación muchas veces con personas valencianas o andaluzas que no entendían cómo puedo vivir tan tranquila en un lugar donde el cielo no es azul la mayoría del año. Ellos decían que necesitaban el sol para funcionar, como si fuese el motor del día, y yo siempre les respondía lo mismo: “yo también lo necesito, solo que lo aprecio de otra manera. Lo valoro precisamente porque no es lo común para mí”.
Un día soleado en diciembre tiene algo mágico. En verano esperas que haga buen tiempo, lo das por hecho, es agradable, sí, pero no sorprende. En cambio, en diciembre es distinto. En invierno te preparas mentalmente para la lluvia, el viento, el frío y las nubes. Y cuando, sin avisar, abres la persiana y ves un cielo despejado, algo dentro de ti se enciende: es una chispa, un pequeño regalo inesperado.
Me encanta ese momento en el que sales a la terraza a tomarte el café de la mañana y, aunque estés a cuatro grados y se te congelen las manos, un rayo de sol te da en la cara. Ese rayo calienta más que el sol de agosto, porque no lo dabas por sentado, lo notas de verdad.
Creo que vivir en Euskadi me ha enseñado justo eso, que a veces necesitas echar de menos algo para entender lo especial que es, que hay cosas que brillan más cuando no siempre están y que un rayo de sol en pleno diciembre, inesperado y fugaz, puede ser una de las pequeñas alegrías más sinceras del día.
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