El valor de no decir nada
Se habla mucho de los silencios incómodos, ese momento en el que te encuentras con alguien con quien no tienes demasiada relación, una antigua compañera del colegio o una conocida con la que no hablas desde hace años, y de pronto sentís la obligación de llenar cada segundo con conversación. Da igual el tema, lo importante es evitar ese hueco que parece pesar más que cualquier palabra. Todos sabemos reconocer ese tipo de silencio.
Pero muy poca gente habla del otro, del silencio que no pesa, que no aprieta, que no exige. El silencio que existe solo cuando hay confianza de verdad. Para mí, ese silencio cómodo es una de las cosas más bonitas que pueden aparecer entre dos personas. Me hace feliz darme cuenta de que he llegado a ese punto con alguien, el momento en el que ya no hace falta hablar para sentirnos acompañadas.
Es estar con una amiga tomando algo y saber que podéis pasar tres horas seguidas hablando sin parar… o una hora entera sin decir absolutamente nada. Una leyendo un libro, la otra respondiendo mensajes o haciendo scroll, cada una a lo suyo, sin que eso genere distancia porque, al contrario, genera calma.
La primera vez que fui realmente consciente de este tipo de silencio fue con una de mis mejores amigas y compañera de piso, Amets. Pasábamos tantas horas juntas que era normal poder hablar de todo, pero también poder no hablar de nada. Recuerdo tardes en el sofá, las dos tiradas, viendo TikTok en silencio. Yo de vez en cuando le enseñaba uno que me hacía gracia, nos reíamos, luego cada una volvía a lo suyo. Así podíamos pasar horas, sin esfuerzo, sin tensión, sin necesidad de rellenar nada. Un día lo comentamos y fue como abrir los ojos: “jo, qué fuerte la confianza que tenemos", dijimos. Era evidente, en ese sofá entendimos que estar juntas no significaba necesariamente interactuar, que podíamos compartir espacio sin tener que compartir conversación, que con algunas personas el nivel de batería social simplemente no importa.
Para mí, esa es la prueba más bonita, el saber que, incluso cuando no tienes energía, puedes estar con alguien sin sentir que debes entretener, explicar o esforzarte. Que puedes comer en silencio, caminar en silencio, existir en silencio… y que nada de eso rompe la conexión. Porque aunque se diga que con cualquiera puedes hablar de todo, creo que la verdadera confianza se nota justo en el poder no hablar, en sentir que el silencio no es un hueco, sino un lugar compartido. Y a mí, encontrar a esas personas con quienes puedo ser así, me hace profundamente feliz.
Hay silencios que cuentan más que libros enteros
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